Qué soledad tan ciega barniza mi tarde
de dorados filos que atraviesan
las entrañas
y las echan en pedazos -uno tras uno-
a las fauces de los años ya desaparecidos.
Qué desmesura!
la imagen gigante se persigna
y ambiciosa,
roba y devora como ave de carroña
mi grito.
La cruel paralela
que me mantiene inmovilizada
al otro lado de la vida
se va sin decir adiós
y sin cuerpo ni alma
quedo atada,
y sigo perdiéndolo todo.
domingo 18 de diciembre de 2011
Perdiéndolo todo
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