miércoles 8 de diciembre de 2010

Llegué, estoy aquí Sr. Andonaegui

Llegué, justo a tiempo, usted me buscaba?
Sí lo buscaba, pero ya es tarde. Debió llegar antes. Ahora no sirve el encuentro.
Pero caramba, me he demorado un minuto desde su llamado,
Sr. Andonaegui. Qué era tan urgente que no podía esperar un minuto? Piensa usted que caminar unas cuantas cuadras no lleva al menos un minuto de tiempo?
Sí, lo se. Pero usted no sabe que la necesidad no puede esperar ni un minuto, ni unas cuantas cuadras. Se presenta y ya.
Es usted bastante intolerante, o quiere usted que todo el mundo esté a sus pies, aguardando la mínima señal de necesidad suya. Eso no lo va a ayudar. Nadie puede estar dentro suyo para agarrar la necesidad ni bien sale de alguna de sus vísceras.
Qué le pasa cuando esto sucede? cuando nadie puede estar en la desembocadura de su necesidad visceral?
Nada mi amigo,. No me pasa nada. Simplemente descarto y sigo en pie, acá mismo. Esperando.
Esperando qué?
Lo que sea, lo que pueda tomar de lo que se presenta.
Y si no se presenta nada? No toma nada?
Tomo nada. Algo tomo. Aunque sea nada. Y con eso sigo mi historia.

No se preocupe amigo. Yo soy así, no se sienta culpable. Usted hizo lo mejor que pudo. Yo también. Aunque no sea lo que precisamos, usted o yo.

La historia puede ser igualmente escrita.

Yo se cómo.

Adiós buen amigo.
Adiós señor Andonaegui.