Era como una mujer
-inalcanzable-
mi flor Aislada.
Quise darle la alegría
de las fresias
y los helechos
Y en el medio del bochinche
la dejé, elegante y erguida.
Por la mañana,
ya la fiesta dormía
fui a visitarla
y la encontré sin vida.
La miré y vi que en su altura
cargaba un tesoro
una burbuja propia
que no podía, ella, Aislada
compartir.
Entonces con mucho esmero
tomé unas tijeras
y la puse a la altura
del resto.
La fiesta volvió
a la noche de perfumes
y colores.
Aislada, en el medio
callaba
y observaba
día tras día
fiestas que dormían
y noches que despertaban.
Así fue pasando el tiempo
el bochinche se aquietaba
los colores ya no brillaban
el agua se escurría
y allí quedaba sola,
en un florero
mi flor, Aislada.
mi flor, Aislada.

