La tarde calurosa marcaba el camino
de la voz ajena
de la voz ajena
que alguien guardó en un lugar
blanco, de sal y mar.
Fueron sus manos, temblorosas
a mojarse en la orilla
de las lágrimas saladas
y su corazón se llenó de ira.
Sintió su cuerpo hincharse
y desaparecer
en la maraña de cables
sin conexión con el exterior.
Fue la voz, fue el vacío
fue...lo que ya no era:
el inicio de lo que nunca
volverá a ser.
...
