Se va usted en palabras rimbombantes, mi querido visitante. No viene. Se va. Y no logro sujetarme a nada. Va usted disminuyéndose en un continuo blah blah... y se va...no viene.
Pero qué se ha creído usted? Usted no dice nada. Diga algo. ¿Qué piensa? Dígalo si puede. Creo que usted no puede decir nada, porque no piensa nada. Está ahí, sujeto a su miserable metrito cuadradito...pobre tipo! Poca cosa! o Nada.
Bueno, veo que esto va tornándose una pelea. Ni siquiera es discusión. Simplemente pelea.
¡Pelea! ¡Ja! Yo vengo aquí a conversar con usted y me sale usted con que no digo nada...con una estupidez de la disminución. ¿De qué disminución habla? ¿Habla usted? No.
No hay que hablar.
Sí, hay que hablar. Hable, explique. Yo lo intento. Usted ni siquiera eso.
¿Para qué hablar con usted? Si yo soy usted. En alguna medida soy usted.
Usted es Usted. No es Yo.
Sí, soy Yo.
Vamos, no me venga con juegos de palabras.
Juguemos....déjese de hablar.
