Las palabras de Andonaegui, la habían dejado confusa, pensativa. ¿Qué era lo que realmente buscaba? ¿Qué la había llevado a crearse un personaje que la despreciaba? ¿Qué la ligaba a Andonaegui y qué pretendía de él, teniendo estas charlas donde no salía muy bien parada?
Tenía la vista fija en sus dedos, un poco amarillentos de sostener el cigarrillo. Iban ya unos cuantos años desde que se había prometido dejarlo. Inútilmente, como otras tantas cosas que hubiera querido dejar atrás.
El fuego de la colilla casi le tocaba la piel, pero parecía no darse cuenta, ni sentir el calor. Seguía con la mirada clavada, escuchando la voz que tantas veces -cuando niña- la ponía a prueba una y otra vez.
-"¿Pero cómo es posible que no sepas quién es Descartes? Una chica como vos, que estudia todo el día, fijate que yo sin haber estudiado tanto, lo se... Tenés la suerte de ir a un excelente colegio, aprovechala! A ver si te ponés a leer un poco, tomá te presto este libro, Las Meditaciones Metafísicas"
La voz le quemó la mano, y tuvo que soltar la colilla. Tomó un cenicero de cristal que había sobre la mesa ratona, con tapa de cristal también, que dejaba ver sus pies descalzos sobre la alfombra peluda. Aplastó un poco más la colilla, dejando una marca húmeda de nicotina en el cenicero. Se llevó la mano a la nariz, qué olor fuerte y desagradable emanaba de sus finos y blancos dedos. Se levantó del suelo, dejó caer el lápiz que sostenía con la otra mano sobre la alfombra y caminó fuera de ella sintiendo el frío del suelo en la planta de sus pies, fuera del límite de la carpeta blanca.
-"Siempre mordiéndote las uñas, mirá yo qué lindas las tengo, cuando era chica como vos no me las mordía. Las vas a tener horribles cuando seas grande, nunca te las vas a poder pintar, quedan horribles las uñas cortas pintadas de colores, vas a parecer una puta barata. Sacate las manos de esa boca! qué te acabo de decir?"
Bajo el chorro de agua tibia, sus uñas se veían hermosas, más brillantes aún, y el rojo del esmalte parecía todavía más apasionado, más intenso, más rojo sangre. Tomó un cepillo de uñas, y comenzó a frotarlo sobre la pastilla de jabón importado que alguien le había traído de uno de sus viajes. Roger&Gallet, decían las letras en el círculo blanco.
-"¿Puedo viajar con ustedes? Todas mis amigas ya conocen Europa, soy la única en el colegio que nunca salió del país, me dicen cosas horribles, que no me quieren llevar con ustedes porque les haría pasar vergüenza"
El cepillo seguía su ida y vuelta cada vez más profundamente sobre las letras....había que borrarlas, había que olvidar, había que lavar esos dedos, ese olor horrible y no dejar marcas de las promesas no cumplidas.

