domingo 27 de julio de 2008

Hilo de aire




Parada sobre un hilo de aire
respiraba tristezas ajenas
un poco de las propias
y otras extranjeras.

Desde abajo, una mirada la sostenía,
un par de manos acariciaban su vestido
que flameaba como huyendo
de su cuerpo niño.

Un minuto le tomó la cintura
y girándola hacia sí
besó su boca
robándole una palabra.

Al sentir el eco de su voz,
esperó al siguiente minuto
a que le devolviera su beso
su palabra
y a su amor.



¿Dónde está Andonaegui?


-¡¡¡¿Dónde está Andonaegui?!!!

-¡Eh!¡Eh! ¿A dónde va usted?
-¡¡¡¿Dónde está Andonaegui?!!! ¡¡¡Quiero verlo!!!

- ¡Momento, señor! ¿Quién es usted?

- ¡Qué le importa! ¡Dígame dónde está el tipo ese!

- Mire, señor, cálmese, que así como está no va a ningún lado.

-¿¡Y cómo carajo estoy!? ¿Qué sabe usted cómo estoy yo? ¿Qué sabe usted de mí?

- Nada, por eso le pregunto. Fíjese, que soy yo el vigilador, la autoridad acá, ¿se da cuenta? En este sitio no pasa nadie sin mi autorización. Si no me inspira confianza, se queda afuera. ¿Entiende?

- ¿Lo dejó pasar a Andonaegui? ¿El tipo aquél le inspiró confianza?

- Bueno... en realidad... mire yo no lo dejé pasar. Estaba aquí cuando yo tomé mi trabajo, cuando mi primo Artemio pasó a mejor vida, je. Pero tiene razón, en realidad mucha confianza que digamos no me inspira; ahora que lo pienso... es un tipo raro, siempre allí parado inmóvil. No se quién lo habrá dejado pasar, quizás ya era parte del barrio cuando se empezó a construir... como un árbol más, al que no talaron...

- Pues tenga cuidado con él, mireme cómo estoy.... ¿ve estas muñecas? ¿ve estas ojeras? .... no confíe en nadie, mi amigo. Cualquiera puede borrarlo a usted como si fuera trazo de lápiz negro sobre un papel...