El hombre a mi lado murmura
sílabas desencadenadas
sonidos en forma de eslabón
que parecen buscar otro eslabón
que las ate y les de un sentido.
Es un viaje de eslabones
de soledades desencadenadas
de desencantos solitarios
de cantos desentonados
de tonos sin reflejos
de ánimos desanimados.
Es el viaje de los cobardes
mostrando su propio eslabón
abierto
como si fuese la boca de un pez
-redonda-
que espera en la onda concéntrica
la llegada de su bocado.
Es el vagón de las miradas de reojo
de las sonrisas tapadas
de las oportunidades desaprovechadas
de creerse "muy eternos"
en una vida tan acotada.
Es una miserable fiesta
de llaves y cerraduras
que se empeñan en no probarse
que se interrumpen
para ponerse sus máscaras
en el medio del baile del desatino.
Es el desprecio de creernos enteros
cuando solo somos partes
-desarmadas-
de lo que alguna vez soñó con ser cadena
y no es más que el triste óxido
de una envejecida alborada.

