domingo 6 de julio de 2008

El que ¿volvió?


-¡Qué suerte que lo encuentro, Andonaegui!

-Perdone la rudeza, pero ¿usted quién es?

-¿No me reconoce?

-No

-Yo a usted sí, siempre igualito, no ha cambiado nada, ni usted ni el árbol. Todo está igual.

-Debe ser que usted no, pues no lo reconozco.

-¡Vamos hombre! Míreme bien...

-Lo estoy mirando, pero no sé quién es.

-Me extraña mucho que justamente usted no se de cuenta de quién soy, o quién fui... digamos que hasta he pensado que usted sabría quién seré también.

-¿Yo? ¿He de saber quién será usted? Explíquese.

-Usted sabe de Sofía, ¿no?

-Sí, la conozco.

-La escritora

-Sí

-La que puede crear, decidir, dar vida a los personajes, involucrarse con ellos...

-Ajá

-¡Uy, mire se largó a llover!

-¿Y?

-Me estoy mojando

-¿Y?

-Nada, que llueve y me mojo. Eso.

-Sigue sin decirme quién es usted.

-Ahora ya no importa, me voy, no me quiero mojar. Piense, trate de recordar, y si no puede, siga la historia... verá entonces, quién fui, quién soy, y quizás me diga cómo seguir mi ruta. Adiós.
-Adiós.