lunes 11 de febrero de 2008

Nada


Debajo de la tarde,

naranja de reflejos tornasolados,

se escondía tu imagen.



Esperé a que un rayo

me indicara dónde

podría al fin, tocar tu ser.



Caminé por la recta

temblando las piernas

al galope de un corazón

ilusionado.



¿Qué sería aquello

que tanto quería ver?

¿Qué suavidad o aspereza

tendría tu piel?



¿Cuál sería el premio

a tanta espera, a tanto amor

guardado en el tiempo,

demorado en el espacio?



¿Qué letra sería la dueña

de tu nombre?

¿Qué número habría

en la maleta de tus días?



Y seguí mis pasos, en

el misterio de un haz de luz,

una línea, una señal.



Mas sería una bifurcación,

brillante, clara, hecha

de concreto y piedra

la que mostraría el dolor:

allí no había nada.

Sello


Hay un sello en el escritorio de casa

que pone la fecha y una palabra

lo veo a diario:

no me atrevo a usarlo

y lo guardo en un cajón.


Cada mañana lo saco y lo miro,

lo miro una vez más y desvío

mis ojos hacia la ventana.


Pupilas caprichosas vuelven a

posarse en el bendito aparatejo

día tras día, a leer la mismas

letras,

a cambiar la fecha.


Es este sello mi perdición

pues la palabra allí grabada

es la más temida,

es la menos buscada,

es EQUIVOCACION.


Sin rumbo




¿Qué desgarradora química

se apoderó de mis latidos

una mañana de sol y sonidos?


¿Cuál fue la letra

que aceleró el tiempo,

que señaló mi caída?


Tantas manos

indican el rumbo verdadero,

muchas miradas lo confirman

mas son como voces mudas

no quiero escucharlas.


¡Si solo pudiera meter

esta imagen en la cabeza,

la flecha que apunta para el otro lado,

y sentarme a esperar

estar allí, en ese lugar!