
Debajo de la tarde,
naranja de reflejos tornasolados,
se escondía tu imagen.
Esperé a que un rayo
me indicara dónde
podría al fin, tocar tu ser.
Caminé por la recta
temblando las piernas
al galope de un corazón
ilusionado.
¿Qué sería aquello
que tanto quería ver?
¿Qué suavidad o aspereza
tendría tu piel?
¿Cuál sería el premio
a tanta espera, a tanto amor
guardado en el tiempo,
demorado en el espacio?
¿Qué letra sería la dueña
de tu nombre?
¿Qué número habría
en la maleta de tus días?
Y seguí mis pasos, en
el misterio de un haz de luz,
una línea, una señal.
Mas sería una bifurcación,
brillante, clara, hecha
de concreto y piedra
la que mostraría el dolor:
allí no había nada.


