De la equivocación entre
derecha e izquierda,
cabeza o pies
nació ayer un regalo.
Puse la sábana al revés
y dormí abrazada a tí
toda la noche
a pesar de no estar a mi lado.
A falta de un buen beso
apoyé mis labios
sobre la tela perfumada
y por sentirte dentro
aspiré el olor del recuerdo:
solo con mi piel ataviada,
fuiste mío
y no hubo distancia.

