jueves 24 de enero de 2008

La Deuda


¡Qué vacío prometido

mueve mi mano, esta noche,

borracha de estrellas y mar

sobre mi propio manto de soledad!


¡Qué muralla se levanta

dura, helada, gigante,

imbatible

cuando una sábana nos separa!


¡Qué oscuridad tan clara

me indica,

como una flecha en el camino,

que el mundo gira ahora para tí

y ya no para mí!


¡Qué crueles son las agujas del reloj

cuando me dicen

que me ha llegado la hora de pagar!

4 comentarios:

Rodolfo N dijo...

Cuanto ternura y desazon, cuando las crueles agujas avanzan inexorable..
Besos,amiga

Viento dijo...

Un besote, Rodolfo, gracias por las visitas.

Abstractos dijo...

la oscuridad detrás de una muralla provoca el vació tan cruel?

bss

Viento dijo...

La oscuridad no solo está detrás de la muralla, sino delante también, así que el vacío es espantoso.